Resumen del Episodio
En este episodio profundizaremos en la segunda bienaventuranza del Sermón del Monte: “Bienaventurados los que lloran”. Aunque solemos asociar el llanto con el sufrimiento, el dolor y la pérdida, Jesús revela una realidad mucho más profunda detrás de estas palabras. Descubriremos cuál es la clase de tristeza que conduce al verdadero consuelo de Dios y aprenderemos a distinguir entre la tristeza que produce el mundo y la tristeza según Dios, aquella que transforma el corazón y nos acerca a Él.
Pasaje Bíblico:
Mateo 5:4 “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”
Versículos Complementarios:
2 de Corintios 7: 10-11 RVC “La tristeza que proviene de Dios produce arrepentimiento para salvación, y de ésta no hay que arrepentirse, pero la tristeza que proviene del mundo produce muerte. ¡Fíjense! Esta tristeza que provino de Dios, ¡produjo en ustedes preocupación, el deseo de disculparse, indignación, temor, vehemencia, celo, y deseos de hacer justicia! Es evidente que en este asunto ustedes no tuvieron la culpa.”
1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
Salmo 51: 3-4 “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.”
Juan 14:16: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”
Isaías 61:2-3 “A proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”
2 Corintios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,”
Apocalipsis 21:4: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.”